Maratón de BJJ de 300 participantes. Durante varias horas estuve rodando con gente de diferentes partes de España en un gigantesco tatami, con un ambiente festivo y deportivo.

Me apunté con antelación al Rerolas, el «primer maratón de BJJ», cuya tercera edición se celebró el pasado sábado 8 de enero en el Polideportivo de Constantí, Tarragona. Un evento que reunía a grapplers de distintos niveles en un open mat gigante, sin la presión de la competición ni la intensidad de una porrada, pero con la exigencia física de una jornada maratoniana de lucha.
El concepto era sencillo y brutal al mismo tiempo: hacer el máximo número de rolas (combates ligeros) posibles en un ambiente festivo, algo que los propios organizadores definían como una actividad de «alto rendimiento recreativo». Los gritos del Pirata retumbaban en el gigantesco tatami, recordándonos que, aunque el rerolas no era un torneo, tampoco era un paseo.
Logística del ReRolas
El evento se organizaba en tres tatamis gigantes, con los participantes divididos en grupos identificados por camisetas de distintos colores que debíamos llevar debajo del kimono. Cada cierto tiempo, los organizadores anunciaban combinaciones de colores –“rojo y azul, tatami 1”– y así íbamos rotando, asegurando que todos lucháramos con rivales variados.
El objetivo final era conseguir la medalla de platino, un reconocimiento simbólico para quienes completaran 50 combates. Pero no era tan fácil, porque había una norma estricta: no se podía descansar. Si alguien decidía parar, tenía que comunicarlo y podía reincorporarse más tarde, pero perdía el derecho a completar los 50 combates. Cada rola duraba 5 minutos, con 2 minutos de descanso entre una y otra, tiempo suficiente para beber agua, charlar, reencontrarse con viejos amigos y buscar un nuevo compañero. Desde las 9 de la mañana hasta las 14:40, el tatami fue un hervidero de movimiento constante.

Rodando
Me sorprendió la gran variedad de participantes: muchos cinturones blancos y azules, más mujeres de las que esperaba y una notable presencia de grapplers jóvenes. Pude rodar con siete cinturones negros, pero una mención especial se la lleva Antonio González, del A2Team de Málaga, con quien tuve una conversación inspiradora. También rodé con Abel de Antarai, con dos mujeres muy técnicas, y Guillem Gil, de Escuela de Grappling. Además, Andrés Sánchez, un cinturón azul de Nico Medina me sorprendió con un crab ride limpio y efectivo.
El ambiente fue impecable: respeto absoluto, una actitud deportiva admirable y casi nadie yendo a fuego. Fue una experiencia saludable en todos los sentidos, tanto física como mentalmente, y sin duda un evento que fortaleció la comunidad de BJJ, con gente de todos los rincones de España (rodé con gente de Sevilla, Madrid, Asturias, Murcia, Valencia, etc)
Los años pasan, el cinturón negro acaba llegando
Al final del día, había acumulado 36 combates, un total de 4 horas y 5 minutos de lucha. Cuando mi compañero de Academia Badalona Jiujitsu, Pablo, decidió retirarse, lo acompañé. Hasta ese momento, había estado fluyendo sin presión, confiando en mi passing flotante y simplemente disfrutando del BJJ.
Una cosa que me llamó la atención fue cómo varios jiujitseros me comentaron que parecía más joven de lo que soy, e incluso les resultaba curioso ver a un cinturón negro de 30 años. Esas palabras me llevaron a una reflexión instantánea: hace más de una década, cuando tenía 20 años y era un cinturón blanco, veía a los cinturones negros casi como dioses, figuras inalcanzables. Pero después de más de diez años de dedicación, me di cuenta de que, sin darme cuenta, había llegado a ese lugar.
Fue un momento de regocijo interno. Vi mi camino en el BJJ pasar ante mis ojos como una película a cámara rápida. Me recordé a mí mismo cuando era un chaval delgado (aún lo sigo siendo) que soñaba con ser cinturón negro algún día. Y ahí estaba ahora, en el tatami, viviendo lo que una vez fue una meta lejana.
El Rerolas no solo fue una experiencia física intensa, sino también una reafirmación de por qué sigo en este camino. No es solo técnica, no es solo competición: es comunidad, aprendizaje y la confirmación de que, a pesar del tiempo, la esencia del BJJ sigue intacta.


Martín, fue para mi un verdadero placer conocerte, compartir una ronda contigo, te agradezco el contenido que compartes,
Un saludo.👋🏼
Antonio, fue un placer. Un fuerte abrazo 🙂